¿Que se vaya todos o que vuelvan todos, pero organizados? El lema del 2001, cuando uno a uno subían y bajaban de la presidencia, como si fuera un tobogán -años esperando llegar hasta los más alto para descender abruptamente en apenas unas horas- dejó el espacio vacío que comenzaron a llenar las asambleas barriales, la constitución de partidos vecinales. Unos años antes los clubes del trueque habían logrado sustituir el faltante de circulante por un papel pintado que no era sino otra más de las trece cuasimonedas emitidas por la mitad de Estados que constituyen el país. El nivel de organización de esos clubes permitió a sus miembros paliar las necesidades más básicas hasta otras no menos importantes para la vida diaria como las reformas constructivas, de lectura, médicas, educativas, farmacéuticas, gastronómicas y hasta de veraneo. La oferta, según los casos, permitía desenchufarse unos días en las sierras cordobesas, en las termas entrerrianas o en cuanto lugar se aceptaran los semibonos. La idea era tan altruista que, en medio de la crisis económica más feroz, la Argentina había desarrollado su máxima capacidad solidaria.En tiempos de dinero electrónico, los créditos emitidos por los clubes del trueque eran válidos para intercambiar bienes y servicios no sólo en comunidades pequeñas, sino que estaban a punto de convertirse en monedas de curso legal. Pero la economía se recompuso, la gente se cansó de ir a mercar como en el medioevo, afloraron todas las maldades que dejó escapar Pandora y los clubes perdieron la mística constitutiva hasta disolverse.
Open goverment: Gobierno abierto (se pueden leer en línea dos capítulos y/o descargarlos), publicado en las dos orillas por una editorial de Madrid y otra de Buenos Aires, reúne –bajo la coordinación de César Calderón y Sebastián Lorenzo- los trabajos de diecisiete autores sobre cómo los gobiernos pueden integrar las nuevas tecnologías a la gestión. A un clic, es decir, inmediatamente, los ciudadanos pueden participar en la toma de decisiones trascendentales para la sociedad. Mayor transparencia, acceso inmediato y en tiempo real a la información, participación sin mediación… un sinnúmero de ventajas aportadas por Internet y la convergencia informática, la que permitirá que interactuemos a través de muchos de los artefactos domésticos que hoy son analógicos o con escasa integración.
Cuando José María Aznar y su gobierno del Partido Popular sostuvieron que el 11-M, el atentado de Atocha, lo había causado la ETA, la sociedad española se congregó a través de SMS en pocas horas para protestar. Fue una sorpresa. El bajo costo de los mensajes y la inmediatez posibilitaron canalizar el descontento.
Sebastián Lorenzo, uno de los coordinadores de Open goverment: Gobierno abierto fue entrevistado en la televisión pública. Señaló que, a pesar de la explosión de Internet, en la Argentina todavía falta bastante por hacer para que todos los ciudadanos tengan acceso a las herramientas que les permitirán ser parte de este nuevo paradigma. En los sectores bajos, abundan los celulares; faltan computadoras y acceso a Internet. ¿Pero qué ocurrirá cuando todos los ciudadanos -sin distinciones- accedan a las nuevas tecnologías que les permitirán organizarse en torno a su problemática concreta?
Gobierno abierto es eso. Y también esto: la oportunidad de escribir sin intermediarios, la candorosa posibilidad de estar en el ágora y ser ciudadano.




