viernes, 29 de octubre de 2010

Sopla fuerte viento sur

(Para Mauro L.)



Miércoles, 27. 9.43. La pava está en la hornalla. Esperamos al censista. Ya había cambiado la yerba para el segundo termo. Entró un mensaje de Mauro L., un ex alumno: “Murió Néstor K”, decía. Quedé noqueado.

Miércoles, 27. 9.50. En una escuela, cuando los censistas ya partieron para hacer su tarea, una jefa de radio se queda sola en el aula, ordenando sus planillas, los documentos. Escucha gritos. Vienen de la dirección. Quiere saber qué pasó. Corre escaleras abajo. No lo puede creer: la directora está feliz. Se abraza con las personas que están a su alrededor.

Miércoles, 27. 10.45. Mauro me pide que escriba algo. No me sale nada más que abrazarme con Laura.

Miércoles, 27. 12.00. La censista toca el timbre. Pasa, se acomoda, se sienta, comienza con las preguntas. Acepta un vaso de agua. No puede dejar de contarnos lo que le acaba de suceder en una casa vecina. Está desconsolada. La invitaron a quedarse un rato, a brindar con champagne.

Miércoles, 27. 16.10. Hago una rápida visita a una familia amiga. Conversamos poco sobre la noticia. Qué va a pasar ahora es la pregunta. Digo que va a ser mejor. Y poco más. No quiero explayarme. Es buena gente y no quiero decir nada más. En la TV dan una biografía de un actor estadounidense. No recuerdo el nombre.

Miércoles, 27. 20.25. A la noche llega otro mensaje. Es de una persona cercana. “¿Se te vació la cabeza?”, escribe.

Miércoles, 27. 20.30. Ese mensaje me da más ánimo para colgar la bandera desde una de las ventanas.

Jueves, 28. 8.50. En el trabajo están hablando los de siempre, la verdadera chusma. Están pletóricos, solazándose unos a otros. Me retiro, los evito. No quiero escucharlos. Pobres, no entienden nada. Nunca entendieron nada. Ni la estatización de las jubilaciones, ni el aumento del presupuesto educativo, ni el uso de reservas, ni la asignación universal por hijo, ni el matrimonio igualitario. Nada de nada. Ni antes ni ahora.

Paréntesis. Hace poco, en julio, tuve que discutir con la chusma el proyecto de ley sobre educación provincial. Tras la primera lectura, observé el retroceso que significa abrirle las puertas a la religión y a la gestión empresaria. Me atacaron. Era inevitable. Lo hicieron en honor a las posturas que nos mantiene lejos, muy lejos. Sin embargo, hoy, en Córdoba, tras varios días de tomas de los colegios más emblemáticos de la ciudad, los alumnos cordobeses reclaman, justamente, esos dos aspectos del proyecto de ley.

No entienden nada, ¿no? Son educadores, pero no saben leer. No interpretan ni el texto ni el contexto. Fin del paréntesis.

Jueves, 28. 18.00. “No reniegues”, escribe una amiga. “Esto que está pasando en nuestro país es histórico. Por eso muchos no lo entienden.” Tiene razón. Pienso que ni en veinte, ni en cincuenta años, ni en el próximo bicentenario, entenderán lo que nos pasa. Ni leyendo los libros de historia que se escribirán en las próximas décadas comprenderán este fenómeno. Están genéticamente programados para la incomprensión de la manifestación popular.

Jueves, 28. 18.00-hasta dormirme, entrada la madrugada. Emoción, estupefacción, empatía con lo que veo. Lloro. No puedo creer lo que veo, el mar de gente, distinta, ecléctica en vestimenta, en traza, en edad. La gente que pasa frente al féretro, que agredece, llora, gesticula, grita, canta, me emociona.

Viernes, 29. 10.00. La bandera flamea. Hay viento sur. Sopla fuerte. Por Cristina. Por vos.

martes, 5 de octubre de 2010

Matula y Maradona

De chico leía El Gráfico. Desde el '85 al '89, todos los martes, al regresar del colegio, tiraba el guardapolvo por ahí, metía la mano en el cajón donde guardaba la mensualidad y me iba corriendo al kiosko de Matula, antes de que cerrara. La revista salía los lunes a la tardecita, pero ese era un privilegio para los que vivían en capital. Al barrio llegaba con los diarios del día siguiente.

En esos años Maradona alcanzó la cima. Y River hizo una de sus mejores campañas de la mano del Bambino Veira. Salió campeón acá, un poco más allá y hasta en Japón, con un gol del uruguayo Alzamendi. River alzó la Copa Intercontinental y Maradona, la del Mundo. Y los de El Gráfico hicieron una producción fotográfica impresionante con Diego y el Beto Alonso, juntos, pisando una pelota. Maradona vestía la camiseta argentina y Alonso, la de River. El póster estuvo pegado durante muchos años en mi pieza.

Cuando iba a buscar la revista, Matula ya había hecho el reparto. Se levantaba temprano, los armaba y a eso de las seis se iba en la bicicleta de heladero reformada a hacer el reparto, la misma que había usado su padre para hacer lo mismo, todos los días, bajo cualquier condición climática. Los domingos nos traía El Periodista de Buenos Aires y hubo una época -corta, seguro- que también dejaba Tiempo Argentino y luego, hasta que nos mudamos, Página/12. A mí me gustaba leer Clarín porque la sección Deportes era siempre más abultada, pero eso sucedía ocasionalmente, los jueves, que era el día que salía el suplemento Cultura y Nación o algo así, o cuando iba a la casa de mis abuelos o de mi tío Alfredo.

Si Matula estaba en el puesto era porque había cubierto su zona, que iba de la 14 hasta la 4 y de la estación de trenes hasta casi el bajo. Surgieron otros diareros, pero el puesto ya estaba cuando las nuevas casas recién se levantaban. Con Matula siempre charlaba. Un sábado, cuando se enfermó de hepatitis, luego de su segunda luna de miel, tocó el tiembre de casa, me subió al auto -un 504 reluciente- y me enseñó el reparto, el del domingo, el más complicado de la semana. Aprendí a revolear los diarios a los balcones, a dejarlos en los lugares donde el viento no se arremolinaba y a pedir disculpas cuando afrentaba la sensibilidad y la inteligencia de un lector de La Nación al dejarle Diario Popular.

Más tarde, cuando el fútbol se apagó, aborrecí a Maradona. (Y en otra medida, y en otra escala, también a Alonso, "cuando más grande más sonzo".) Me mudé muy lejos y a Matula lo vi esporádicamente, cuando visitaba a la familia. Dejé de comprar El Gráfico porque me desentendí del fútbol y, sobre todo, porque en las sierras, si llegaba, llegaba cuando se estaba jugando una nueva fecha.

A Maradona lo aborrecí tanto como a sus obstinados seguidores que bien podría haber colaborado con los autores de estas líneas -un periodista inglés y un psicoanalista argentino- que publicó hoy el diario El País, de Madrid: "El problema [de la Argentina] es Diego Maradona. O, para ser más precisos, lo encarna, como símbolo, Maradona, el "Diez", "el Dios Argentino", el ídolo nacional por goleada. La idolatría a los líderes redentores, el culto a la viveza y (su hermano gemelo) el desprecio por la ética del trabajo, el narcisismo, la fe en las soluciones mágicas, el impulso a exculparse achacando los males a otros, el fantochismo son características que no definen a todos los argentinos, pero que Maradona representa en caricatura payasesca y que la mayoría de la población, aquella misma incapaz de perder la fe en el peronismo, aplaude no con risas sino con perversa seriedad. El punto de partida es la negación de la realidad. Este es el terreno en el que opera Maradona y en el que su legión de devotos se adentra -como por ejemplo los 20.000 que fueron al aeropuerto de Ezeiza para darle las gracias tras la desastrosa actuación en el Mundial de Sudáfrica- para adorarle".

También podría haber sugerido otros párrafos. Sin embargo, todo el texto es un despropósito, una risible metáfora descalificadora contra lo argentino y que impacta de lleno como una crítica al gobierno nacional propinada por el Grupo Prisa -dueña de Radio Continental y portavoz de empresas españolas, como Telefónica, Repsol, Santillana y los bancos Santander y Francés-. Cuando la Argentina caía en picada, en diciembre de 2001, el primero en llegar al país y entrevistarse con uno de los flamantes -y efímeros- presidentes fue Felipe González. Temía por sus/las empresas españolas.

El artículo se corona así: "Decía Albert Einstein que la locura era repetir lo mismo una y otra vez, esperando diferentes resultados. Eso es lo que propone Maradona al reafirmar su derecho a dirigir la selección de fútbol. Al apoyar su estrambótica candidatura, los Kirchner, eso sí, están siendo consecuentes. Ellos también piden, pese al fracaso mundialista de su gestión, como el de los regímenes peronistas que los precedieron, que se prolongue su dinastía en las elecciones generales del año que viene. Es probable que lo consigan. Sería la victoria del pensamiento mágico maradoniano, sobre el que el sol de la bandera argentina nunca se pone."

Al póster lo tire a la basura. Jamás volví a comprar El Gráfico y a Matula ya no lo vi más. Seguro que estará atendiendo el puesto, más pelado, con los bigotes canosos, mientras su hijo sale a hacer el reparto con la bicicleta heredada de su abuelo. Probablemente no lo reconozca, pero si lo viera en la calle, revoleando un diario al balcón de la 153 y la 15, estoy seguro: le pediría otro diario. Y otras revistas.